Sr. Interior: “Para mí en el shibari lo menos importante son las cuerdas”

(Photo: Carles Mercader. Models: Sayaka Yumi / Sr Interior)

(Esta es la tercera entrevista de la serie Shibari Talks. Aquí explicamos de qué va).

Gijón es desde hace años una ciudad muy activa en el mundo del shibari gracias a la actividad constante del Sr. Interior y su manera particular de entender los talleres y las performance. Charlamos sobre autenticidad, placer, los límites del consenso, intensidad, aftercare prolongado en el tiempo… Y aún le queda tiempo para lanzar una diatriba contra el shibari aséptico y feo. 

 

¿Cómo te definirías como atador en tus propias palabras?

Ahora hay mucha gente que ata, y cuando los veo subiendo y comentando fotos en las redes, voy recordando mi trayecto: una ofuscación técnica inicial, una obsesión con las suspensiones, un estilo muy cerrado… En los últimos años, tras muchos talleres y mucho trabajo personal, empiezo a ver un estilo propio, con más influencias de unos atadores que de otros, cosas que me gustan y otras en las que no entro… Y ese estilo es bastante sobrio en las formas, con técnicas muy básicas para no complicarme, y sobre todo con una vertiente bastante sexual y emocional. La gente dice a veces que es muy oscuro, lo que en cierto modo me sorprende: intento mantener las partes duras del shibari bajo control y soltar las placenteras todo lo posible.

 

¿Cuándo y cómo empezó tu interés por las cuerdas y las ataduras?

Siempre me han gustado el fetish, el kink o el sexo duro. Antes de Internet veía ilustraciones en el Víbora o revistas similares, pero parecía tan exótico y lejano que nunca llegué a plantearme mi gusto por la inmovilización. Fue con Internet, al empezar a ver porno de forma consistente y continuada, cuando empecé a encontrar fotos. Y un día hice una apuesta. A una amiga le quedaba una asignatura para sacarse la carrera, y apostamos: “si apruebas este último examen, yo aprendo eso que vimos en fotos y te lo hago”. [Risas] Y se sacó la carrera. Me compré un par de libros de shibari y bondage, el de Midori y el de los Two Knotty Boys, lo que había en esos años. Pensaba que íbamos a follar y poco más, pero acabamos haciendo algo muy extraño. Y ahí arrancó una rueda en la que de repente, casi sin darme cuenta, acabé con un atador japonés atando a su modelo en la salita de mi casa. [Risas] ¿Cómo ha pasado esto? Yo solo quería enrollarme con una chica una vez…

 

En tus primeros años, las fuentes de información disponibles en España sobre shibari eran más bien escasas… ¿Cómo aprendiste tú en esa época?

Enseguida vi que no era suficiente con los libros. Me sorprendió tener más habilidad de lo que me temía, ya que no me considero una persona hábil para manualidades, pero sí podía atar con cierta soltura y comodidad. Contacté por Internet con Alfil, gracias a Dios, que me dejó unas bases muy claras y básicas; tuvo el buen ojo de entender dónde estaba y me mostró el shibari como algo en lo que progresar constantemente. Ese es el punto clave del aprendizaje.

Modelo Voli SG Foto: Julio Murias

 

¿Qué hiciste con Alfil? ¿Clases, talleres…?

Asistí a un taller suyo en El Garaje, de Madrid, donde coincidimos buena parte de atadores que hoy siguen en activo… Y coincidió además que Alfil venía de vacaciones por Asturias. Tuvimos contacto unos años, ese fue el principio del vicio. Luego asistí a un taller con Esinem en Madrid, en el Dark Sabbath… Fue muy frustrante para mí.

 

¿Qué pasó?

Fue una evolución técnica importante pasar de las figuritas básicas al primer takatekote, que en aquella época era el no va más… Pero al volver a Gijón y ponerme a practicar lo aprendido vi que no me salía, no lo recordaba, me daba arcadas lo que hacía. Un momento de crisis: tras llevar un par de años atando, sentirme de repente un desastre al dar el paso técnico. Poco a poco volví a empezar de cero y pensé que hacían falta dos cosas: formación continuada y gente con quien compartirla. Si dos personas asisten a un taller, uno recuerda la mitad de la materia y el otro la otra mitad, entre los dos saldrá algo coherente.

 

¿Socializar el aprendizaje?

Hacerlo social, sí, compartir el conocimiento. Ahí empecé a buscar gente a la que le interesara el shibari… Y al juntarnos y tratar de explicarles lo que había aprendido, me di cuenta de que simplemente enseñando el nudo base yo aprendí a hacer el nudo base. Hasta entonces no sabía realmente.

 

Tener que centrarte para enseñarlo te ayudó a entenderlo bien

Y así paso a paso empezamos la dinámica de talleres en Asturias, con diversos atadores que por suerte enseñan el shibari de forma que incita a profundizar. Atar no es como fumar, que lo haces continuamente, sino algo que haces cuando te apetece, como cuidar unas flores, escribir un relato o echar un polvo.

 

¿Dónde os reuníais para estos talleres?

Empezamos en la Munster, un local compartido con artistas, músicos, actores, performers… Ahí no teníamos que dar muchas explicaciones, y fue curioso ver cómo gente muy distinta nos aceptaba naturalmente, lo que daba lugar a un ambiente donde hacíamos cosas en conjunto: por ejemplo alguien ensayaba con el piano mientras otra persona practicaba una atadura y se establecía un diálogo.

Model: Suevia Photo: Sr Interior.

Te conocí en el taller de Osada Steve en Barcelona, en 2010. ¿Cómo fue esa experiencia?

Increíble. Así como el taller de Esinem me frustró, este tuvo el efecto opuesto. Osada Steve, Kurt y Alfil, que también estaban allí, fueron una influencia muy positiva y me dieron la oportunidad de cambiar la perspectiva, de ver el shibari con el corazón. Y me di cuenta de algo que procuramos aplicar en nuestras formaciones: es importante que el formador pase el máximo tiempo posible con los alumnos del taller.

 

No solo en el tiempo lectivo sino antes o después…

No voy a entender como Isabelle Hanikamu o Ren Yagami hacen una figura si no sé cómo son ellos, porque a veces muestran el mismo tic cuando están comiendo o doblando la ropa… Decía Isabelle que el estilo de Akira Naka solo hay una persona que pueda hacerlo: el propio Naka. Es su estilo, nace de él y de su circunstancia. Comprender el estilo de un atador no es recordar sus figuras, que además irán cambiando, sino entender su forma de ser, por qué ata, qué busca en el shibari. Steve fue muy revelador en ese sentido.

En la Munster se celebró Cuerdas por Japón, la serie de performances para recaudar ayuda por el tsunami de 2011. Organizasteis algo en la Munster, ¿no?

Se hizo una performance, sí, aunque coincidió con que hacía tres meses que me habían quitado medio pulmón y fue un poco raro. A partir de ahí se formó un grupo de gente interesada en el shibari a pesar de estar totalmente fuera de la escena BDSM… Gente mayoritariamente joven, nosadosaurios, algo sorprendente en un sitio como Gijón con muy poca gente joven. Ese grupo se mantuvo durante años, y dio pie a juntarnos con otras actividades. Oí el comentario de un chaval que le decía a un amigo: “el otro día estuve en una fiesta en la Munster brutal, había proyecciones, pinchos, bebidas, actuaciones de música, DJs,  tías desnudas colgando del techo”… [Risas] Al menos no les parecía mal.

 

Por esa época también fue tu participación en el programa de televisión 21 días en el sadomasoquismo. O tu no participación, vaya, que no pusieron tu fragmento. ¿Qué pasó?

Me invitaron a participar y acepté con reparos, pensando que si no lo hacía, luego no podría quejarme de lo que pusieran. La chica, Adela Úcar, estaba horrorizada; viene de educación de colegios del Opus y todo esto le parecía rarísimo. Estuvimos comiendo, charlando y en un momento me dijo: “tú eres un poco antisistema, ¿no?” [Risas] Fue increíble el momento en que la até con unos arneses robustísimos que parecía que me iban a pasar el examen de seguridad laboral, pero en el momento en que tiré de una cuerda empezó a gritar como si la estuviera destruyendo por dentro. Y yo pensando: “chica, no hagas teatro, que me vas a dejar mal, joder”. Venía haciendo un papel, y ella entendía que eso tenía que doler y debía chillar como un conejo degollado. [Risas] La productora, muy maja, me escribió avisando de que no iban a sacar mi parte. No encajaba, no era la visión que querían dar del BDSM como actividad de unas parejas raras que viven una sexualidad extraña. Cuando pude ver el programa me alivió no salir. Los experimentos con los media siempre salen distorsionados: les importa un pepino lo que digas, solo quieren utilizarte para sus fines. Solo si tienes suerte se cuela un mensaje decente.

Model: Demya Photo: Esperanza Martin

En la Munster empezasteis a traer atadores de fuera para que impartieran talleres…

En Asturias, “de fuera” es cualquier cosa que esté a más de ciento cincuenta kilómetros… Desde que alguien sale de Barcelona hasta que llega aquí casi da tiempo a tejer como la mujer de Ulises. La primera atadora que vino fue Desper_TNT, y marcó la primera línea: su forma de entender, enseñar y vivir las cuerdas caló mucho en cuanto a cómo integrar el shibari a la vida como algo personal, no como una cuestión social de encuentros,  perfos o fotografías. Luego vino Mark Yu, un yanqui loco, medio quiropráctico, medio chamán. Técnicamente no nos enseñó nada de shibari, pero sí de manejo de energías, chi,  puntos de presión, medicina china, relajación muscular. Trabajó la parte metabólica, que llevada luego al shibari es interesante. Luego vino Yukinaga Max, técnicamente impecable… Él es un Sol. Un pequeño gruñón, pero un Sol. [Risas] Y vino muchísima gente de fuera, quedé sorprendido… Y surgió un grupo que durante años creció sólidamente, con mucha gente que ataba o venía como modelo. Y entonces escribí a Hajime Kinoko para ver si podría venir y contestó que sí, que sí… No daba crédito. En esa gira kamikaze de Kinoko, de punta a punta de Europa con tres o cuatro días en cada sitio, hubo incidentes de desorganización importantes por culpa de su manager, un impresentable… Pero Kinoko fue increíble, su pasión y su devoción por la técnica eran arrolladoras. Poco después dejamos la Munster, porque era muy difícil seguir ahí a nivel organizativo, y pasamos al Kinky Club actual. Ahí  hubo un cambio en la gente.

 

¿Qué tipo de cambio?

Mucha gente dejó de acudir. No es lo mismo ir a un lugar raro donde hay actividades culturales y polifacéticas, del shibari a una velada poética, que ir a un local dedicado al BDSM y shibari exclusivamente. Hubo un cambio de gente, y también buscamos adaptar las dinámicas al tiempo que puedo dedicar a un espacio del que no vivo, sino que es un gasto… Y a lo que puede hacer la gente, que Asturias tiene la población que tiene.

 

Y aquí al Kinky habéis traído a Pedro Cordas, a Ren Yagami, a Isabelle Hanikamu…

Las instalaciones ya fueron buscadas pensando en talleres. Aquí se suman circunstancias como mis dificultades para viajar, tanto por temas familiares como de salud… Un taller en París con un atador de primer nivel me representa tantos euros, más viaje y estancia. ¿Cuánto me cobraría ese atador por venir a mi casa? Es una diferencia pequeña, juntando varias parejas se puede conseguir.

 

Distribuyendo los costes…

Eso es. Aunque ahora hay sobreoferta de talleres en Europa, unos cincuenta al año, así que algunos son difíciles de cubrir. Es una situación compleja.  Y también nos interesa buscar en los talleres una línea, una consistencia. Es muy difícil que un japonés pueda venir dos veces al año o dos años seguidos… Pero un español, o un europeo como Pedro, o alguien que visita Europa con frecuencia como Isabelle, pueden impartir dos talleres al año.

Model: Maya Homerton Photo: Sr Interior

¿Has vivido incidentes a lo largo de tus años como atador?

Incidentes e incidencias… Estar en el monte con la modelo atada, abierta de piernas y desnuda y que aparezca la policía, más asustada que otra cosa. [Risas] Accidentes graves ninguno reseñable, alguna mano dormida, algún mareo y poco más. Las incidencias físicas venían cuando hacía algo que no estaba preparado para hacer… Pero es que no hay otra forma. Alguna vez hay que hacer la primera suspensión aunque hayas practicado en el suelo mil veces… Y ahí es cuando surgen accidentes, porque estás nervioso o no estás maduro. Por otro lado, en los accidentes tienen que ver las dos partes: quizá la persona a la que estás atando da un feedback extraño que en realidad es su inconsciente diciéndole que no está cómoda en esa situación, o viene con una lesión previa del túnel carpiano que no te comenta y empeora durante la atadura… Luego hay otro tema más peligroso. Encontrarme con Ren Yagami fue un paso hacia vivir el shibari más emocionalmente, de modo que las cuerdas no son lo importante, sino lo que hay dentro. Y un nervio pinzado, un chichón o una quemadura sé curarlos con el botiquín o en Urgencias. Pero para una revoltura emocional no hay botiquín, ni nadie que sepa curarla. Y son incidencias inherentes a la práctica, sin paracaídas ni garantía, pueden surgir cosas maravillosas o armar un jaleo importante.

¿Desarreglos emocionales consecuencia de la práctica?

Sí, de lo que podríamos hablar semenawa o quizá mejor de otro modo…

¿Qué entiendes por semenawa, y qué relación ves entre dolor y shibari?

Relación entre dolor y shibari ninguna. Yo algo de japonés estudié y sé lo lo que les gusta reírse de nosotros. La traducción literal de semenawa no tiene sentido, porque nunca utilizan una palabra de forma literal excepto para poner etiquetas en las cajas. El semenawa es lo que hace Riccardo Wildties, un estilo duro que causa dolor con la cuerda y tiene un componente físico y emocional importante. Pero cuando Ren estuvo aquí dijo que no hacía semenawa, que sería causar dolor con la cuerda, sino que su estilo es que el atador atormente sembrando una amenaza, un miedo, un elemento de poder y dominación… Una cuestión de buscar el sufrimiento y no el dolor. No se trata de azotar fuerte: si tirando del rabito de la cuerda logras que la persona atada crea y sienta que le estás causando mucho dolor, ya está. Y cuanto menos utilices más poder tienes, más controlas la situación. Yo lo entiendo más de esa forma: si estoy de un humor alegre voy a putear jocosamente, si estoy de un humor turbio voy a buscar sensaciones oscuras. No hay forma de repetir una misma experiencia dos veces con el shibari. Si atas a tres personas con la misma figura el resultado no tiene nada que ver ni visualmente, ni emocionalmente ni en su tono. La base es ir adaptándose a la persona atada. Me parece fatal cuando oigo a un atador diciendo “esta modelo no está a mi nivel”: eso es que es él quien no está al nivel de la modelo. El atador está al servicio de la persona atada, como el anfitrión de una ceremonia del té.

¿Has atado modelos masculinos? ¿Por qué en el mundillo se ven menos hombres atados que mujeres?

He atado modelos masculinos, pero como soy cis heterosexual, por desgracia, no es lo mío. Ato para disfrutar, así que me ciño a ciertos esquemas. ¿Que se ven menos hombres? En cualquier imagen mediática mainstream se ven más mujeres, en medios gays se ven más hombres. Y hay muchísimas mujeres atando. Cuando vino Isabelle organizamos una merienda informal y salió ese tema. Empecé a contar cuántas personas había, y de doce personas yo era el único hombre. El shibari que se ve en ciertos medios es una cosa, pero en el real hay muchos hombres atados. En Japón hay muchas atadoras que no  conocemos porque no son mediáticas ni públicas, pero en laNawapedia aparecen. Su sociedad es todavía machista… Como la nuestra, en realidad.

Modelos: ArtOfSin / Sr Interior Foto: V. Romero

¿Cómo negocias una sesión de shibari con una persona desconocida?

Hablando… Acepto lo que me digan, por lo general límites de territorio físico. Por ejemplo, una reciente fue “no meter nada por ningún agujero”. Esas condiciones las acepto siempre, si no chocan con mi interés como atador. Y a partir de ahí… La forma en que practico shibari no es SSC, sensata segura y consensuada. No es sensata porque no parece muy seguro que un desconocido te cuelgue de un palo en un zulo. Y no es plenamente consensuada, porque las normas previas las voy a cumplir a rajatabla, pero más allá hay otro territorio. Y una vez la persona atada entra en el subespacio y se pierde, no tiene la cabeza para decir nada coherente; esa es otra persona. Por eso no hay un consenso completo y continuo en estas cosas. Yo seré una persona sensata el mayor tiempo posible, pero también entro en un estado de trance y puede salir de mí un bicho muy bicho… A veces lo divertido es, respetando las condiciones previas, añadir algún puteo: “no te voy a meter nada por ningún agujero, pero vas a estar en el suelo teniendo un montón de orgasmos un buen rato, muerta de vergüenza por lo bien que te lo estás pasando”. Esa es también una característica del shibari, utilizar esa vergüenza ante el placer en público. El público es el tercer elemento del triángulo del shibari: aunque no haya nadie delante siempre tienes que atar como si te viesen, tienes que ser elegante, tienes que hacer que la persona atada sienta que hay otra persona mirando para poder utilizar la exposición o la vergüenza… Y esa es mi forma de negociar, muy básica: “dime lo que no quieres”. A veces la sesión se queda en un tono suavecito, un simple viaje de cuerdas, porque no hay una conexión al atar. O durante la negociación veo que hay algo raro, traumas previos que tendría que arreglarlos ella, y ahí mejor no meterse. Pero otras veces hay conexión con una persona, tiene la cabeza en su sitio, y acordamos que si rompo algo asumo la responsabilidad. Y son sesiones bastante intensas y brutales, apasionantes para ambos. Esas requieren un seguimiento en el tiempo más largo…

 

¿Un cierto aftercare?

Sí, el aftercare lo entiendo a largo plazo. Si haces algo que revuelve las emociones a una persona, no basta con enviar un Whatsapp y que te contesten que están bien. Hay que forzar el contacto, hablar y chequear, y al cabo de una semana volver a preguntar, porque hay cosas que salen al cabo de unos días. A veces pregunto qué le pareció algo que me pareció chulísimo de la sesión y ella ni se había enterado. [Risas] O al revés, me da información de cosas que le maravillaron u horrorizaron sin que lo supiera. Y es que cuando acabas de atar a una persona no sabes lo que hay en su cabeza en ese momento. No tienes ni idea de qué pudiste causar.

Modelos: —–/ Sr Interior Foto: BeatravesdelEspejo

¿Cómo debería ser la comunicación atador/modelo durante una atadura?

Hablar atando, poco o nada. Es más sentir. Mucha lectura de la persona a nivel físico, pero también mucha adaptación, exploración de cómo va fluyendo. No tanto ensayo y error como ir viendo cómo reacciona. Por ejemplo, una forma de gote que utilizo tiene tres vueltas  arriba porque es el tiempo de ir leyendo su respuesta. Cuando te metes en el agua en la playa, la primera sensación es muy fuerte, efervescente, pero luego baja. Si me quedara con la primera sensación al pasar la primera vuelta del gote, me quedaría muy arriba… Doy tiempo para bajar y ver cómo deja caer el peso contra las cuerdas, para ver dónde está antes de llevarla adonde quiero ir.

 

Hay atadores que se fijan más en el papel de las modelos y su interacción, y otros menos…

Kinoko hace teatro cuando sube a un escenario, sus movimientos son clavados y precisos, los repasa mentalmente antes de cada espectáculo. Haciendo tres shows cada noche en su local, ¿cómo se va a conectar emocionalmente cada vez? Terminaría la semana en el psiquiatra. Isabelle, en cambio, transmite sus emociones y el choque de esas emociones con las de la persona atada. Ella tiene que conectar. La interacción con la modelo depende del tipo de shibari. Me resulta horrible trabajar con modelos que dan un feedback erróneo, que actúan. ¡No, esto tiene que fluir de forma sincera! Si actúa, su reacción no es proporcional a lo que hago y acabo atando a ciegas. La modelo no tiene que fingir ni prepararse: quitarse el sujetador y los piercing, tener la digestión hecha y poco más.

Aparte de atar, ¿practicas alguna otra actividad que te ayude a ser mejor atador?

Reiki, tai chi, chikung… En todos ellos se trabaja el cuerpo y el espíritu; la parte interna, la energía y el chi. Hay una gran conexión con el shibari, una base común geográfica, cultural y religiosa, además de un trabajo de del cuerpo y del espíritu.  Ren lleva quince años practicando el aikido y lo aplica al shibari… Cuando te encuentras con una persona que practica cualquier arte marcial o disciplina artística japonesa, siempre entiende el shibari muy rápido.

 

¿Cuál crees que es el mejor acercamiento para un neófito que quiere aprender shibari?

¿Puedo pedir el comodín de la llamada? [Risas] Es jodido… Lo primero que debería preguntarse es por qué y para qué, y luego ver dónde o quién hace algo similar a lo que tiene en mente. Cada atador tiene su filosofía. No tendría sentido que un fan del death metal se reúna con poperos… El alumno debe buscar gente con la que coincida, porque el mejor aprendizaje es presencial y en grupo. ¡Y guiado! Los grupos horizontales me parecen horribles, lo único que hacen es  ensalzar el error. Tiene que haber alguien que asuma la responsabilidad, para que puedan echarle la culpa: “se lesionó porque Fulanito me enseñó a hacerlo así” [Risas].

Modelo: Agape. Foto: Ricardo Moreno

¿Qué requisitos crees que debería tener alguien para impartir clases y talleres de shibari?

Obviamente es fundamental un nivel técnico y de conocimiento real… Pero sobre todo experiencia, años de práctica, maduración y evolución. Una persona que lleve diez años haciendo exactamente el mismo takate es que no lo hace mucho. Durante años de atar te pasan cosas y aprendes; lo que nadie te enseñó lo descubres por ti mismo si desmenuzas y analizas. Si no te convence una figura, exploras y le das vueltas y le encuentras variaciones o explicaciones. No tiene por qué haber hecho más talleres, puede hasta haber sido autodidacta. A Yukimura nadie le pedía curriculum.

 

¿Crees que hay recursos suficientes hoy en día como para ser atador autodidacta?

En el fondo no creo que ser autodidacta sea bueno, al menos a nivel no doméstico. Para jugar en casa y pasarlo bien, con un taller en que te enseñen cuatro cosas de seguridad y figuras básicas basta, el resto lo puedes desarrollar. Pero para un nivel más público no se puede ser autodidacta.  Naka, Alberto o Zor te pueden condensar en cuatro horas cosas que les llevó años aprender, porque tuvieron que buscar fuentes, contrastarlas, experimentar, fracasar… Te ahorras todo eso, y ya con aprender su nudo base te llevas mucho.

 

¿Cuándo crees que un nuevo atador está listo para empezar a suspender?

Un robot industrial será capaz de suspender mucho mejor, con más seguridad y más rápido que cualquier persona… Pero no creará sensaciones en la persona atada, ni entenderá cuándo es el momento de suspender, cuándo aporta algo. Porque si es solo para lucirse suspendiendo o para darle a la modelo un paseo en cuerdas, entonces, cuando tenga la habilidad para ello. La suspensión exige técnica, no por la dificultad sino por el riesgo.

 

¿Crees que es una ventaja para el atador ser atado o al menos haberlo experimentado alguna vez?

No le doy importancia… Tampoco se la doy a que tenga experiencia previa la persona atada, que a veces es incluso peor porque vienen esperando algo concreto.

 

¿Cómo planteas tus performance dirigidas a un público?

Las primeras eran de fiesta de fin de curso del cole, “mira, mamá, lo que sé hacer” [Risas]. Luego intenté algo más vistoso al estar con artistas y músicos, actuaciones más artísticas, buscando una faceta visual en los movimientos y las formas. Más adelante busqué algo más intenso, más duro… Hasta que al venir al Kinky encontré un problema. Al organizar la actividad, abrir la puerta, atender a la gente… Y de repente tener que cambiarme deprisa y corriendo y actuar en la performance.

 

Te costaba entrar en situación…

Eso me llevó a plantear que las actuaciones no pueden ser eventos con mucha gente. Tienen que ser parte de algo. Una referencia es la ceremonia del té: cuidas de la gente desde que llega, un grupo reducido, seis u ocho personas… Recibirlos ya es parte del juego, evitas que haya conversaciones sociales vanas sobre fútbol. En el momento en que te agachas para entrar a la pequeña mazmorra del Kinky y te sientas en el suelo con los demás, se anulan las diferencias y somos todos iguales. Logras una comunicación mayor y hacerles partícipes, que sepan que son parte de lo que va a ocurrir: ser espectador aquí no es como en el cine, el feedback es importante. Y al finalizar, buscar a la gente y confrontarla: a veces hay gente llorando entre el público, o caras de sorpresa, y hay que hablar con ellos. Eso también es aftercare.

 

Aftercare hacia el público.

Claro, porque son el tercer elemento del shibari… Y a veces se revuelven, sorprenden e impresionan. Normalmente busco gente afín que ya sabe de qué va la cosa, pero cuando vino Isabelle lo abrimos a un público más general… Y cuando acabó el espectáculo, algunos se fueron con la boca abierta y los ojos desencajados, a alguno hubo que explicarle que la modelo estaba bien, que Isabelle no la había matado… Y eso requiere un seguimiento, es una responsabilidad. La forma de plantear las performance ahora es más vivencial que como un espectáculo a consumir.

Models: Sayaka Yumi / Sr Interior. Photo: Carles Mercader

El shibari se ha ido volviendo cada vez más conocido en los últimos años, y hay quien ve riesgo de saturación. ¿Compartes esa visión?

¡Al contrario! Me parece genial. ¿Qué tiene de malo? Si me encantan las camisetas negras y se ponen de moda, pues mucho mejor, podré comprar más camisetas negras. Me parece maravilloso. ¿Que se corrompe el shibari al ponerse de moda? ¡Qué va! Las cosas están vivas y se alimentan de la gente, y el shibari no debe estar en las catacumbas. Tampoco quiero que esté expuesto bajo el foco de la feria y me tiren cacahuetes, pero sí que se vea, que se normalice. ¿O es que por “normalizar” alguien entiende que el Estado va a crear un puesto de director general de shibari con catorce pagas? [Risas] Que nos dejen disfrutar y hacer lo que nos dé la gana, y si a la gente le gusta el shibari, ¡perfecto! Mejor shibari que reggaetón.

 

Otro debate clásico es sobre las ventajas e inconvenientes de tener una sola modelo con la que profundizar en el shibari versus atar a muchas modelos diferentes.

En una relación de pareja explorarse ambos es tarea más que suficiente, eso entiendo que es un shibari privado. Pero atar a diferentes modelos te da mucha riqueza: no es lo mismo lo que puedas estar haciendo con tu pareja en casa que con otra persona en un taller. Atas otro cuerpo, con nuevas cuestiones técnicas… Y atar es una forma de conocer gente y aprender de muchos inputs. Eso para la persona que ata es siempre bueno.

 

¿Has explorado otras formas de inmovilización? Cadenas, telas, vendas…

Sí, sí. Para mí en el shibari lo menos importante son las cuerdas. Puede hacerse shibari con las manos, con un pañuelo… Tengo un fetiche especial con las vendas. Las cuerdas son muy importantes como herramienta, pero no ciño el shibari a ellas; mi forma de entender el shibari incluye inmovilizaciones de otros tipos.

 

¿Qué atadores en activo te parecen más interesantes y por qué? Idealmente uno local y uno japonés…

Elegiré un español y un japonés… De España el que más me gusta ahora mismo es Zor, por lo que veo de cómo está atando. No le he visto nunca atar en directo, pero sus imágenes me llaman la atención. En cuanto a japoneses: hay un grupo importante de atadores que me encantan. Ren Yagami, Shigonawa Bingo, alguna atadora, algún alumno de Yukimura… Y me gusta la gente del Ichinawa-kai, no tanto por sus ataduras sino por su forma de practicar el shibari en conjunto.

Model: Jheni Centellas Photo: Samu Reales
 

¿Por dónde evolucionará el shibari a partir de ahora?  ¿Cómo ves a la nueva generación de practicantes y modelos?

Veo elementos de un shibari más occidental y desapegado del sentir japonés, pero no me parece nada nuevo, solo lo que hacían los Two Knotty Boys hace años pero con técnicas y patrones diferentes. No parece que el shibari esté evolucionando en ese sentido. A nivel técnico sí se avanza, es increíble lo que ha evolucionado la técnica en la última década… Y supongo que seguirá perfeccionándose en los próximos años. Es obvio: cuanta más gente repite una misma atadura se va puliendo y mejorando. Por otro lado, veo que el grupo de gente interesada en el shibari se ha ido reduciendo en los últimos dos años. Será algo cíclico, supongo: en algún momento quedaremos los cuatro frikis de siempre, luego se volverá a poner de moda, luego cerrará Rusia las fronteras y será imposible traer a atadores japoneses, o las abrirá y será todo más barato. [Risas]

 

¿Qué es lo que menos te gusta del mundo del shibari actual?

Me molesta que cuando alguien quiere aprender ataduras sencillitas para juego doméstico se le intente enseñar un takate: ¡es hacer perder el tiempo a todo el mundo! Ni lo necesita ni lo va a utilizar, más bien le frustrará y lo encontrará complicadísimo. Tampoco me gusta nada la descorporeización, los atadores que atan a distancia… Dan ganas de preguntarles: ¿tienes algo contra las personas de ese género? ¿Huele mal? ¿No te gusta? Pero si es una chica hermosa, un chico hermoso, arrímate, erotiza. Se le quita la carga erótica, se hacen prácticas blancas, limpias, de gimnasio. Están bien, pero hay que ensuciar el shibari, que es sexual, es sucio… ¡Es de japoneses, joder! [Risas] Que tocan braguitas con el dedo y cara de pillo… A veces veo un shibari muy aséptico y victoriano, cuando no directamente una pantomima o aprovechados que intentan sacar tajada, hacen daño y le quitan las ilusiones a gente. Ah, y tampoco soporto el shibari feo.

 

¿Qué entiendes por shibari feo?

Imágenes, composiciones y ataduras que dan arcadas estéticamente. Para mí el shibari es belleza, con unos conceptos de belleza japoneses… Y a veces ves gente que no es que estén usando cuerdas de uno u otro tipo, o que la modelo sea más o menos guapa, sino… ¿Qué hostias están haciendo? No es que sean torpes, sino que no están haciendo shibari sino proyectando ahí su mierda interior. Y ante eso, y ante imprudencias, habría que señalar con el dedo y sin embargo no lo hacemos, y me incluyo. Que es muy difícil, nadie quiere crearse enemigos, pero saldríamos todos ganando si tuviéramos la lengua más suelta. Yo alguna vez escribo mensajes privados avisando de ataduras que puedan ser un peligro. No acaban de tomárselo bien… Pero quien se deja atar debe saber en manos de quién se pone.

Modelos Patricia Díaz / Sr Interior
Foto: Lara Schild

Un comentario sobre “Sr. Interior: “Para mí en el shibari lo menos importante son las cuerdas”

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: