Kuss: “En el shibari debe haber comunicación y recepción, no puede ser algo unilateral”

(Esta es la segunda entrevista de la serie Shibari Talks. Aquí explicamos de qué va).

Hablar con Kuss es refrescante y, en muchos aspectos, iluminador. Durante sus años como modelo de shibari (aunque no le convenza la palabra “modelo”) ha reflexionado mucho sobre la parte activa que desempeña la persona que recibe una atadura. Charlamos sobre la evolución en la consideración de los modelos que ha tenido lugar en la última década y repasamos su trayectoria en una entrevista que empieza con un anuncio importante… 

¿Cómo te presentarías como modelo y atadora de shibari en tus propias palabras?

Empezaré diciendo que he tomado la decisión de retirarme, de abandonar las cuerdas. En parte por una cuestión física: ya no me siento cómoda con los atados y he perdido elasticidad. Además tengo otras necesidades ahora mismo que este tipo de exploración, estoy en una fase muy diferente. En lo que respecta a mi trayectoria, puedo hablar de mi proceso como modelo, porque como atadora he explorado poquísimo. A mí me ha costado mucho siempre “dar”. Porque para mí atar a alguien es básicamente tener capacidad para dar, ofrecer algo. Y siempre me he sentido más cómoda, segura y con más aptitudes en el “recibir”. Siempre me he sentido más a gusto en el papel de recibir y explorar de forma activa esa recepción. Por otro lado, no me gusta la palabra “modelo” en el contexto del shibari, porque deja en segundo término el papel de la persona que se está dejando atar. Una modelo es alguien que exhibe… Pero una modelo de shibari es algo más, es una parte activa de ese instante. Durante años he buscado otro nombre sin conseguirlo…

 

Rope bunny adivino que tampoco te gustará…

Esos términos se corresponden con la mentalidad de una época en la que el macho dominante era el que ataba y la bunny era un ser sexual y femenino, una conejita que se dejaba hacer. Cuando empecé con el shibari esto era así, pero ha ido cambiando, por suerte. He sido partícipe de ese cambio en la medida que he podido… Para mí no es aceptable que el atador sea el máximo responsable de ese juego, de ese momento de experimentación. En el shibari debe haber comunicación y recepción, no puede ser algo unilateral hacia una bunny. Hay que encontrar la palabra. “Atable” no suena bien, “compañera” tiene otras implicaciones… Usemos “modelo” por ahora. Pero quien recibe una atadura tiene el 50% de responsabilidad, su posicionamiento no solo físico sino también emocional y mental, sus limitaciones, capacidades y necesidades de exploración forman parte de lo que se está creando en una sesión. Y lo que pueda aportar hará que cambie cada situación. No me parece bien entender el shibari solo como algo que una persona crea y proporciona a otra. Hay alguien que sabe cómo proporcionar un tipo de experiencia sensorial, física y emocional, y otra persona que la está recibiendo y dando feedback activo que modifica la situación en tiempo real.

Photo: Carlo Belenghi. Model: Kuss. Ropes: Alberto NoShibari

¿Cuándo y cómo empezó tu interés por las ataduras?

Mi interés apareció cuando Alberto y yo nos conocimos y enamoramos hace unos quince años, y empezamos a explorar nuestra sexualidad. Tenía curiosidad por estar atada, alguna vez me había comprado un collar de perrito… No tenía muy exploradas esas fantasías, y en esa época  era complicado acceder a información sobre otras formas de entender la sexualidad. Y un día le pregunté a Alberto si le gustaría atarme. Le salieron chispitas en los ojos, confesó que era algo que siempre había querido hacer… Y ahí empezó todo. Fuimos a comprar cuerdas al Decathlon, esas cosas que se hacían cuando no tienes ni idea… Empezamos a jugar con este tipo de fantasías y nos dimos cuenta de que nos gustaban a los dos. [Ríe] A mí me encantaba la sensación de estar absolutamente inmovilizada y expuesta a lo que la otra persona tuviera interés en proporcionar ….hicimos verdaderas locuras: era muy divertido y emocionante, cada día se nos ocurría una idea nueva. Los fines de semana buscábamos cordelerías, reuníamos cuerdas de tipos diferentes… Siempre que aparecía una cuerda, se abandonaba todo y aquello se convertía en una fiesta. Alberto es una persona… Cómo decirlo… Obsesiva [Risas] Cuando algo le crea interés no puede abandonarlo, necesita explorar absolutamente todo lo relacionado con lo que le interesa. Las cuerdas se convirtieron en un tema muy principal dentro de nuestra relación. Un par de años después nos encontramos con la necesidad de acceder socialmente a otros círculos para compartir este tipo de experiencias, aprender y diversificar. Nos daba corte porque no conocíamos a nadie… Investigando sobre el sadomasoquismo llegamos a un club, el Rosas 5, pero nunca íbamos porque no sabíamos muy bien qué íbamos a encontrarnos. Entonces fuimos a Madrid a vivir un tiempo… Alberto fue antes y entró en contacto con un grupo que organizaba encuentros mensuales.

 

¿Los del Dark Sabbath?

Sí. Alberto empezó a conocer gente, y cuando llegué ahí, surgió un mundo nuevo de posibilidades, mucho mayor de lo que podríamos haber imaginado. Había mucha gente explorando campos que se salían de la sexualidad normalizada… Pero había muy poca gente atando, y a los que lo hacían era difícil acceder. Los grupos de cuerdas tanto en Barcelona como en Madrid eran territorios muy privados y competitivos. Así que decidimos aprender por nuestra cuenta y tuvimos muchísima suerte, porque pronto empezó a haber una pequeña apertura que proporcionó Kurt, el dueño de Rosas 5, al traer a Matthias Grimme.

Model: Kuss. Ropes&Photo: Alberto Noshibari

Así que viajasteis momentáneamente a Barcelona para el taller de Grimme en 2008.

Sí. Anteriormente habíamos asistido a un curso de Alfil, que era como un discípulo de Kurt… Y después vino Matthias. Para mí ese taller fue muy importante, porque vino con una mujer que no tenía un papel sumiso sino participativo en el taller. Yo, tengo un peso medio, no he trabajado mucho físicamente y tenía miedo de no poder hacer suspensiones por no ser flexible ni flaca. Entonces vino esta hermosa mujer alemana, enorme de altura y peso, tan hermosa en las cuerdas… Con su corsé precioso puesto se hacía autosuspensiones y estaba tan feliz… Entendí que hay que olvidar estereotipos femeninos: esto hay que disfrutarlo y vivirlo bien. A partir de ahí fue todo más fácil. Alberto estaba cada vez más emocionado, probando cosas nuevas… Y yo trabajé con las autosuspensiones: ni se me había ocurrido hasta ese taller que yo podía hacerme esto a mí misma. Eso sí, me costaba tener que estar estática, con los pies bien asentados para aguantar el equilibrio y oír lo que se decía de: “…si algo no sale bien, es porque tú como modelo estás fallando en algo”.

 

¿Se echaba la culpa a la modelo de los problemas?

La capacidad de que algo funcione no la tiene una sola persona, pero ¿cómo le vas a decir a alguien que está atando que no lo está haciendo bien? Eres tú la que no está teniendo una buena posición, una buena recepción… Es un tema complicado porque afecta a los egos, y es cierto que la persona que ata adquiere total responsabilidad hacia el otro y trabaja sus propios miedos: tiene en sus manos la vida de otra persona, la responsabilidad de cuidarla y no hacerle daño. Eso crea momentos de tensión importantes, o al menos yo lo he vivido así… Pero eso no disculpa que se dieran actitudes, bajo mi punto de vista, inaceptables.

Photo: Tentesion. Model: Kuss. Ropes: Alberto Noshibari

¿Esas actitudes de culpabilizar a la modelo las encontrabas en esa época, o las sigues encontrando hoy en día?

Se siguen encontrando…. Es complicado, porque son dinámicas que van más allá del shibari y dentro del comportamiento social. Se van perdiendo cada vez más, porque también cambia la actitud de la mujer… Hablo de mujeres y hombres porque hasta hace bastante poco normalmente los atadores eran hombres y las modelos mujeres.

 

¿Por qué crees que se da esa escasez de modelos masculinos frente a femeninos?

Una parte se debe al condicionamiento social adquirido que se repite y perpetúa: mujer como receptora y hombre como dador. Esto se extrapola incluso a nivel de relación sexual: hombre que penetra y mujer que recibe. Como si la persona que recibe no estuviera teniendo una actitud activa: ¡ser receptor no significa tener una actitud pasiva! Otra parte se debe a que muchos hombres tomaron las cuerdas como herramienta para ligar… Quien hacía un curso de dos horas de cuerdas ya se llamaba atador e iba usando eso como herramienta de caza. Además, como norma general, los hombres se suelen encontrar incómodos ante los abrazos y ante el hecho de que alguien los inmovilice. Las mujeres normalmente no le dan tanta importancia a que la persona que les está atando sea un hombre o una mujer, sino a lo que están recibiendo de esa experiencia. Están más abiertas a explorar. Y a los hombres les condiciona que la persona que les proporciona la experiencia sea de su mismo sexo.

 

Durante tus años en Madrid abriste el blog Mujer entre cáñamo, donde pueden verse dibujos relacionados con el shibari y pequeños poemas…

Cuando estuve en Madrid dejé mi trabajo y me dediqué durante un tiempo a reencontrarme con la ilustración. Las experiencias más emocionantes de esa época en Madrid estaban relacionadas con las cuerdas, el BDSM, las fiestas a las que íbamos, todo era nuevo y emocionante… Se reflejaron ahí.

Model: Kuss. Ropes&Photo: Alberto NoShibari

Cuando volvisteis a Barcelona, ¿qué diferencias viste entre la escena local de cuerdas en Madrid y la de Barcelona?

El retorno a Barcelona fue complicado. Madrid fue un campo de experimentación total. Cuando íbamos al Dark Sabbath montábamos perfos aún con nuestra inexperiencia y pecando de vanidad… Pero no había nadie más que montaras perfos de cuerdas y era emocionante. Entonces volvimos a Barcelona y nos encontramos con diferencias de opinión a la hora de compartir experiencias y colaborar con Kurt y Alfil. Me parecía que  no tenían interés en socializar el shibari. Y ahí aparece el Nido del Escorpión. El Nido es otro mundo que, visto en perspectiva, fue incomparable con nada de lo ocurrido en Barcelona. Fue un espacio único, tanto por las personas que lo llevaban como porque reunió un grupo de gente muy participativa y en un nivel de exploración muy alto… En el Nido había mucha tolerancia con las identidades, mucho respeto hacia lo que cada uno quisiera ser. Y eso fue algo único. El Rosas era un sitio de referencia del BDSM, pero muy condicionado con estereotipos sobre cómo comportarse y relacionarse. En el Nido todo eso era diferente, y con diferente quiero decir mejor, [Risas] Era un espacio abierto donde cada uno podía ser, presentarse y relacionarse como quisiera, y eso me parecía maravilloso. Se jugaba mucho… No había ningún peso sobre códigos, actitudes, protocolos, comportamientos: se daba libertad para que cada cual explorase.

 

Allí en el Nido Alberto y tú organizasteis los Nidos de Cuerdas, talleres de iniciación mensuales.

Aprender era muy difícil si no tenías dinero para ir a Japón, venía muy poca gente aún de fuera, los cursos eran caros, faltaban información y materiales… Pero en el Nido Françoise y Josep Lapidario proporcionaron un espacio sin carga económica, donde todo el mundo podía acceder sin sufrir. Se creó un pequeño nido para socializar el shibari del que emergieron muchas cosas. Se consiguió crear mucho interés, y evidentemente Josep era y es un enamorado de lo japonés y también estaba empezando a atar. Ese espacio fue muy interesante. Si algo me entristece de esa situación es que, por incapacidad o por lo que fuera, costó muchísimo que la gente tuviera continuidad en los Nidos de Cuerdas…

Photo: Tentesion. Model: Kuss. Ropes: Alberto NoShibari

No seguían muchos más allá de un par de clases…

En eso, supongo, parte de responsabilidad era nuestra. A todo el mundo le hacía gracia jugar un poco, pero no conseguimos que la gente encontrara ese nivel de emoción que nosotros teníamos hacia el shibari. Mi sensación era que lo transmitíamos, porque por supuesto lo sentíamos… Una cosa que nunca he soportado del shibari es el teatro; la falta de sinceridad me parece imperdonable.

 

¿Te refieres a sinceridad durante la atadura?

Sí, en el momento de atar. Cada uno que lo trabaje desde donde quiera. Hay gente que solo quiere hacerse una foto y ya está, porque le parece muy estético. Otros quieren experimentar sus límites físicos, con el dolor, la recepción, la tolerancia… Pero una atadura social en un local o actuación es un momento de introversión/extroversión, porque es algo muy íntimo pero lo estás mostrando a la gente de tu alrededor. Cuando te expones y te exhibes debes ser sincero. No puedes estar pendiente de si se me ve bien o de la pose… Ha de ser sincero. Y esto me falla en mucha gente, no consigo que me emocionen, veo más show que sinceridad.

 

Algo más puramente estético.

Crear un cuadro o una foto de Instagram… Algo que no va más allá de un exhibicionismo fotográfico, cuando a mí el que me interesa es el exhibicionismo emocional. Veo perfecto quedarse solamente en la imagen, pero echo en falta más visceralidad.

During Osada Steve workshop

A partir de 2010 asististeis a varios talleres en poco tiempo, entre otros los de Osada Steve, Kinoko Hajime y Yukimura Haruki. Tres experiencias muy diferentes como modelo, ¿no?

Osada Steve fue revelador y emocionante, un hombre que venía directamente de Japón y nos iba a transmitir el secreto… Pero ahí como modelo no eras nadie, solo un objeto del deseo del atador. Mi caso era diferente porque Alberto y yo éramos pareja y había otro tipo de complicidad, pero esta actitud existía: la única referencia a las modelos en el taller fue para llamarlas bunnies y decirles que se dejaran llevar, que se mostraran y exhibieran. Pero no le oí hablar de comunicación. Como inicio estuvo bien, pero me faltaba algo.

Luego fuimos al taller de Kinoko. Fue muy emocionante, porque vimos que no había una manera de atar única, sino una estructura base sobre la que cada uno hace su trabajo personal. Yo agradezco mucho a Alberto su capacidad de abstracción, entender los volúmenes y las formas y a partir de ahí explorar y encontrar una forma de expresión. Kinoko nos dijo que hay que trabajar mucho y estar siempre activo. Y le pregunté por el papel de las modelos… Un poco más y se rió en mi cara, porque contestó: “relájate y disfruta”. No me podía creer que me hubiera dicho eso. No había ningún tipo de diálogo acerca de lo que estaba pasando en cada atadura, solo se hablaba de cómo era el atado técnicamente, y qué debía hacer el atador para proporcionar más o menos dolor, o más o menos placer… Pero nada acerca de cómo la actitud de la persona atada modificaba la experiencia.

Entonces fuimos a Yukimura… Para mí es el maestro. Todos me parecen muy valiosos, porque cada uno nos ha enseñado algo, pero Yukimura nos habló de lo importante. ¿Estás atando un mueble? No. Tienes una persona maravillosa delante tuyo y tienes que escucharla. No es nada más que lo que hacemos diariamente en la vida: escuchar. Si tú la escuchas, esa persona va a contarte cosas y vas a atarla comunicándote de una manera diferente. Tienes que ver lo que te puede proporcionar esa persona. Cada una es diferente: la tienes que observar, oír y oler, porque cada una te llevará a explorar hacia un sitio diferente. Esa es la lección más importante que me llevé de Yukimura. No hizo prácticamente ninguna suspensión… Todo era trabajo de suelo, con una relación corporal con la persona atada que no había visto nunca. Hasta entonces había visto a los atadores acercarse a la otra persona como un elemento externo, sin conexión. Yukimura nos hizo evidente que para él esa interacción y conexión durante la atadura era lo realmente importante. Y ahí dije “por fin”, y después: “¿lo ves, Alberto?”  [Risas]. Yo estaba harta de estar en una posición estática, no soy así, necesitaba moverme y expresarme. Me estaban empezando a fastidiar las cuerdas, porque necesitaba explorar con mi expresión y no lo estaba haciendo. Además, cuando eres la pareja estable de alguien que empieza a atar de cero, hasta que llega el momento en que puedes disfrutar de ello hay muchos, muchísimos momentos de aburrimiento absoluto como modelo. De quedar la piel en carne viva, lesionarte mínimamente, llegar a casa cansada y sin ganas de cuerdas… Hay momentos que son una tortura y una apuesta importante hacia que la otra persona pueda avanzar.

Model: Kuss. Ropes&Photo: Alberto NoShibari

¿De qué manera te implicas en las performance y su preparación?

Desde el principio habíamos hecho actuaciones, incluso cuando éramos unos ignorantes. Había varios motivos. Uno de ellos era que en la intimidad nos acabábamos rebotando, porque no encontrábamos el momento entre las distracciones cotidianas. Pero hacer una perfo durante una fiesta nos metía en una burbuja… Y descubrimos que hacer cuerdas delante de la gente nos gustaba. A mí me cuesta muchísimo hablar en público o hacer amigos en las fiestas… Pero ahí no tenía que hablar. De repente descubrí la emoción que debe sentir quien hace teatro o danza: estar mostrando algo tan personal, mi cuerpo, una exhibición tan brutal ante los espectadores recibiendo su emoción, sus silencios… No he tenido una experiencia similar con nada. Tampoco es que fuera absolutamente consciente de lo que estaba pasando, porque yo estaba en sentir mi emoción, pero lo recibía de alguna manera. Y sabía cuándo estaba yendo bien o cuándo no llegábamos a los demás. Se notaba. Es una cosa muy subjetiva, porque en las perfos alcanzaba momentos de subespacio total.

Model: Kuss. Photo: Tentesion. Ropes: Alberto NoShibari

¿Cómo definirías en tu experiencia este “subespacio de cuerdas”?

Entraba en un globo, me perdía absolutamente y perdía la noción del tiempo. Para mí la perfo duraba poquísimo, pero en realidad nunca bajaba de media hora… Para mí eran cinco minutos. El transcurso del tiempo y la intensidad de lo que ocurría eran muy diferentes dentro de la escena. No tenía la sensación de ver a la gente, sino de estar perdida, envuelta  en otro lugar y haciendo cosas que en casa era incapaz de conseguir. Las transiciones de Kinoko son un trabajo de cuerdas complicadísimo, que jamás había salido bien en casa. Pero Alberto quiso probarlo en perfo, ¡y lo que en casa era una tortura se convirtió en una maravilla! Agradezco mucho a Alberto que haya tenido las narices para haberme arrastrado a las perfos desde el primer día, porque las disfruto muchísimo.

Y volviendo a mi papel en las perfos… Es complicado. La gente cree que las ensayábamos, pero no era así. Alberto las tenía preparadas en su cabeza, pero yo nunca supe qué es lo que íbamos a hacer. Y estuvo bien no saberlo, porque a mí me cuesta sacar la cabeza de lo que hago. Como no sabía qué iba a pasar, no podía pensar en lo que tenía que hacer yo, sino sencillamente dejarme transportar, recibir y proporcionar algo activamente para ir cambiando la situación. Y después de Yukimura se rompieron por fin las cadenas de las posiciones, de cómo tenía que estar colocada… Porque no puedes ofrecer nada si tienes que estar pensando qué postura adoptar. La práctica te lleva también a unos hábitos: si te cuelgan mil veces de una determinada manera, tu cuerpo se coloca de forma inconsciente, automática, involuntaria. Tablas… El cambio en el que yo sentí que realmente aportaba algo importante fue en la exhibición de Madrid.

Photo: Gregori Kinbaku

El triangular de shibari en la sala Clamores, durante la visita a España de Akira Naka… ¿En qué sentido te cambió esa experiencia?

Ese fue mi cambio como mode… trabajadora de las cuerdas. [Risas]. No fue un cambio meditado, sino el poso de muchos pensamientos y pequeños cambios sobre lo que quería hacer, y que cristalizaron en Madrid. Fue la suma de querer tener una participación diferente en el escenario y que Alberto y yo estábamos pasando un momento emocional complicado, y yo tenía la necesidad de coger cierta distancia emocional para verme de otra manera. Cuando llevas muchos años con las cuerdas, no es que estemos compenetrados, es que Alberto pone una cuerda y ya sé hacia dónde vamos a ir. Es lo que hacen la convivencia y el trabajo continuo. Al sentir esa necesidad de distanciamiento, en el momento de salir al escenario yo no era la modelo de Alberto… ¡Yo era yo! Y si me iba a atar, me tendría que buscar y convencer. En aquel momento no lo pensé, lo he ido meditando después. Salí al escenario y a la primera cuerda adopté una actitud torera, un “me vas a tener que conseguir como si fuera la primera vez”. Hasta que lo consiguió, y entonces experimenté mi mayor abandono en las cuerdas. Esa actitud diferente al empezar y esa distancia me proporcionaron una ventaja, me gustó mucho ese momento.

Después la gente decía: “¿qué ha pasado?”, “no eras tú”, y a mí eso me hizo reflexionar muchísimo. Y Alberto debió experimentar un momento de emoción diferente, porque a partir de ahí cambiaron cosas, todo fue más cercano a un baile que a un simple dejarse atar. Estos últimos años han sido para mí muy bonitos, divertidos y emocionantes. Tomé decisiones como no volver a salir desnuda. Si se veía el culo o una teta no importaba, pero quise dejar de trabajar con la exhibición del cuerpo femenino, quise trabajar con la emoción y belleza del shibari sin que esa belleza tenga que ser la del cuerpo de la modelo. Evidentemente no tengo treinta años: ¿tengo que estar compitiendo en flexibilidad, hermosura o firmeza de carne? No me interesaba esa competición, pero quería seguir haciendo perfos sintiéndome a gusto al margen de lo que hicieran los demás. También quise salirme de la orientalización. Yo no soy oriental, ya he ido vestida mucho de japonesa… Yo quería ser yo, que es lo que siempre he querido ser. Yo. Con Alberto me he sentido más parte protagonista, e incluimos los precalentamientos que hacíamos al principio, “trabajar sin cuerdas” como dice él… Los elementos nuevos fueron surgiendo de forma más fácil y natural. Un día Alberto me puso la cara a un palmo de los espectadores agarrándome del pelo. Tenerlos de repente justo delante me pareció maravilloso, fue fantástico mirar así a la gente después después de tantos años de cerrar los ojos después de la primera cuerda. Necesitaba entrar en una situación, mirar a la gente, saber qué está pasando para mover la situación hacia otro lado…

Photo: Tentesion

¿Qué relación ves entre dolor y shibari, el famoso semenawa?

Es muy personal: lo que quiera cada uno. Hay gente muy masoquista, interesada en el trabajo con el dolor y el placer que proporciona, pero a mí no me han interesado nunca especialmente el dolor extremo o el semenawa. Tengo mi punto masoquista y un cierto interés hacia las tensiones y el dolor, pero no hacia la tortura con cuerdas.

 

¿Qué características debería tener un atador ideal?

Mucha empatía y asertividad… Debería trabajar mucho, saber escuchar y tener capacidad para ofrecer algo, porque si puedes escuchar pero no tienes nada que decir, solo una técnica y veinte takatekotes diferentes, no me parece interesante. Y había otra cosa… que acabo de olvidar…

 

Espero que no sea por lo difícil que es conseguirlo…

[Risas] Que aparte de lo que aprenda, sea capaz de encontrar su manera de atar. Porque lo que nos han enseñado los japoneses es fundamental, pero si no exploras más allá, si no exploras hacia tí, si no encuentras la verdadera esencia de lo que quieres hacer, solo repites. Me parece muy interesante que la gente explore hasta encontrar su estilo. Que igual no quiere decir que invente cosas diferentes, sino que desarrolle cómo se muestra hacia los demás, qué es lo que hace, cómo trabaja… Encontrar su estilo sin repetir. Me cuesta emocionarme cuando veo según que atadores, me parece que no están trabajando con la persona que tienen delante. Estoy encontrando muchas mujeres que están atando y se dejan atar, que tienen ganas y que se relacionan muy fácilmente entre ellas, intercambian conocimientos… Eso es maravilloso, va a ser un cambio al que ya se pueden espabilar todos los que están ahí [ríe].

Photo: In Viaggio. Model: Kuss. Ropes: Alberto NoShibari

¿Has asistido a algún Hitchin Bitches o encuentro similar organizado solo para mujeres?

No, a ninguno. Bueno, fui a una quedada solo de chicas en el Rosas hace muchísimo… Pero no a ningún Hitchin Bitches. Tengo dualidad de pensamiento con estos eventos. Por un lado pienso que ya deberíamos romper con los espacios exclusivos solo para mujeres y solo para hombres, que cada vez tienen menos sentido. Pero por otro lado hay sectores de mujeres que necesitan empoderarse, y esta es una manera de hacerlo que luego cambiará… Quiero pensar que es un paso necesario pero temporal. Yo no he ido nunca porque no me gusta esa sensación de espacio en que nos cuidamos mutuamente porque las mujeres cuidamos mejor… Pues no. Somos igual de malas que los malos, e igual de buenas que los buenos… No somos mejores por el hecho de ser mujeres, y no deberíamos caer en los mismos errores en que se cae por el otro lado.  

 

¿Cómo crees que debería ser la comunicación atador/modelo durante una atadura?

No verbal. Cuando estás viviendo una profundización corporal, al usar la palabra rompes un flujo de trabajo, lo vuelves cerebral. Es más cómodo preguntarle de palabra a la modelo si le duele algo que observar si está tensando la mandíbula… Es que es un trabajazo atar: aparte de la técnica y la práctica hay que observar al otro y no causarle daño. Pero es fundamental observar a quien tienes delante. Si quieres obtener una respuesta del otro pero cada diez minutos rompes su dinámica corporal preguntándole cosas… A ver, si alguien se está poniendo muy mal evidentemente sí se debe preguntar, pero como dinámica no me parece interesante.

Photo: In Viaggio. Model: Kuss. Ropes: Alberto NoShibari

¿Practicas algún tipo de actividad física o mental que te ayude a ser mejor modelo?

¿Se puede mentir? [Risas] La verdad es que no. Soy una persona poco trabajada físicamente. En los últimos años he estado más pendiente del tema porque lo necesito, pero siempre he sido más de placeres y disfrute que de esfuerzo. Durante la época en que estuve más activa con el shibari, el mismo trabajo diario con las cuerdas me hacía tener un mejor tono físico. Durante un tiempo estuve bailando para fortalecer las piernas… Pero no mucho.  

 

¿Crees que es un plus para los atadores el haber sido atados o ser atados regularmente?

Si vivencias las cosas en primera persona, siempre tienes más conocimiento de lo que ocurre… Pero no creo que sea una obligación. Es más importante ser observador, empatizar y tener algo que ofrecer.

Photo&Ropes: Alberto NoShibari. Model: Kuss

Desde ciertos sectores del feminismo se ha atacado el BDSM y el shibari al poner a mujeres, visualmente al menos, en posición de sumisión a hombres. ¿Te has encontrado con este tipo de comentarios?

Sí, claro. Hasta yo misma me he preguntado alguna vez si son ciertos, porque un punto de trabajo con el patriarcado hay en los típicos roles masculinos/femeninos… Pero todo lo que he hecho ha sido consentido y porque yo he querido y lo he disfrutado muchísimo, esa es la gran diferencia con un papel machista. Nunca he estado en una situación en la que no haya querido meterme,  y en las que me he metido he estado muy a gusto. [Risas] Las preguntas mayoritarias que he recibido a lo largo de estos años son “¿esto duele?”, “¿estás loca?” y “¿cómo te dejas hacer eso?”. La última es la que me molesta: suponer que me estoy “dejando hacer” algo es presuponer que estoy obligada y que no soy parte activa ni consciente.

 

Siempre te has mantenido anónima: ¿tiene que ver con la aceptación social del shibari?

Y con la relación del shibari con el masoquismo. Las cosas cambian muy rápidamente, la situación con la que empezamos y la que hay ahora no tienen nada que ver en cuanto a aceptación. Cuando empezamos nosotros no había nada de divulgación, así que no me apetecía ir dando explicaciones. Mi entorno familiar lo sabe a medias, y en el social casi todo el mundo lo sabe, pero… Algunas amistades se han perdido por el camino, más por miedo que por crítica. Y cuando les decía que vinieran a verlo algún día respondían que no iban a dejarse convencer. No quería convencer a nadie de nada… Pero bueno, estamos hablando de otra generación.

Photo: Tentesion. Ropes: Kuss. Model: Aquiles Moya.

¿Cuándo y cómo surgió tu nick, Kuss?

Una vez tuve un novio alemán… [Risas] Y aprendí alemán. No hablo ningún idioma muy bien, pero tengo facilidad para los sonidos. Y hay palabras de determinados idiomas que me dan gusto cuando las pronuncio. Kuss es una de ellas, significa beso en alemán… El nick ha sido un recurso para el anonimato online y las perfos, pero en directo no lo uso.

 

¿No tienes la sensación de que hay modelos que se queman muy rápido o se fuerzan mucho?

Es el cambio generacional, todo va mucho más rápido. Todo hay que conseguirlo a más velocidad, veinte perfos, cincuenta fotos… Vale. Muy bien. Pero, ¿para qué? Hay una necesidad de hacer, hacer, hacer… No sé si es una sensación propia de hacerse mayor, algo generacional o el signo de los tiempos, pero todo parece que se haga rápido para poder pasar a otra cosa.

 

¿Qué lugares dedicados a las cuerdas has visitado, y qué impresión te han dado?

¿Aparte del Nido? [Risas] No he estado en muchos sitios… Fuimos al Dojo de Copenhague, que me pareció un sitio de prácticas muy bonito y agradable… Pero demasiado normativo, y eso no me interesa porque soy poco normativa. El Schwelle 7 donde se celebraba el EURIX es el lugar de experimentación en que me he sentido más a gusto. La libertad de acción, el espacio, el cuidado con los demás… Ha habido un trabajo excepcional ahí, como un Nido más grande y con alemanes que se lo toman muy en serio y tratan de hacerlo crecer.

Photo: Tentesion. Ropes: Kuss. Model: Jaume Jimenez

Tu primera experiencia oficial como atadora fue en el Tattooatados de Tentesion. ¿Qué te hizo lanzarte a atar?

Me planteé aprender a atar porque notaba que me quedaba físicamente poco tiempo para seguir haciendo performance y suspensiones. Al final ya lo pasaba mal, era demasiado duro para mí. Y pensé que una buena manera para seguir relacionándome con las cuerdas sería colocarme en el otro lado. Después de tantos años tras las cuerdas algo sabía ya, porque siempre había practicado mínimamente y  asistido a muchos talleres. Encontré una víctima y empecé a probar, pero me costaba mucho acercarme, no acababa de encontrar la manera. Soy zurda y retengo poco las secuencias… Además, estaba siempre comparándome y eso me generaba ansiedad. Dejé enseguida de pensar que era una buena idea ese camino, aunque me parecía el único… En el Tattooatados, pensé que si no podía hacer secuencias, podría hacer al menos lo que me pidieran las manos y el cerebro. Entonces ya conocíamos a Pilar LaOtra, que ha trabajado siempre las cuerdas de una manera diferente, una puerta a un estilo muy libre relacionado con el de Dasniya Sommer. En Tattooatados mezclé esta nueva puerta con lo que yo sabía y podía hacer. Fui ahí con mis piedras corazón, y lo que me dio por hacer es juntar mucho los nudos y hacer burruños, como les llamé, burruños de cuerda. Esa manera de atar me interesó durante un tiempo… Tattooatados fue muy emocionante. Cuando no atas habitualmente y alguien deja que lo ates, le gusta y encima queda la foto bonita te inunda una emoción pura… Esa noche no dormí, fue muy bonito.  Pero eso no lo he podido mantener. Se me ha ido. Ha ido pasado más tiempo, cada vez me he ido alejando más y me han costado más las perfos. Tras las últimas me costó mucho recuperarme pero pensé que tenía que seguir haciéndolo porque me encanta… Pero también noto que se me ha ido pasando el interés por la exhibición, tengo otras necesidades.

Model: Kuss. Ropes&Photo: Alberto NoShibari

¿Retirada cara al público…?  

No, en general. No me puedo desligar, porque tengo a Alberto al lado, en casa y rodeado de cuerdas. Convivo con ello, pero ya no tengo una participación activa excepto puntualmente, a nivel de opinión o de colaboración en las charlas sobre la historia del shibari de Alberto, o si hay una mínima demostración me puedo poner… Pero no tengo mucho más interés. Además ahora hay un relevo generacional, y cuando voy a un sitio en que hay gente atando, aparte de no conocer a la gente veo que hay una nueva manera de relacionarse con las cuerdas. Y yo ya no me siento ahí… Está todo bien. No quiero seguir forzando la situación. Esto lo cuento como algo meditado, pero ha sido una decisión muy difícil… Pero como mini-resumen: hemos vivido un momento excepcional del shibari, cuando empezó a despuntar aquí en Barcelona. El Nido ha desaparecido, Kinoko no sé si va a volver, Yukimura obviamente ya no, Osada quién sabe, Akira Naka tal vez… Pero tengo la sensación de que se ha parado algo. Irá hacia otro lado, pero… Estos años han sido un momento excepcional que no se repetirá… ¡Y hemos estado ahí! Eso me parece maravilloso. Ha sido bestial poderlo vivir.

Ropes&Photo: Alberto NoShibari. Model: Kuss

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