Tattooatados – Canción de cuerda y tinta

Hace ya unos tres años me presenté en el Club Rosas 5 para colaborar en el proyecto Tattooatados de Tentesion, que debía combinar ataduras y tatuajes. Nada más llegar, Tentesion me puso un montón de ositos de peluche en las manos, me presentó a una chica muy maja y me dijo: “átale estos ositos por el cuerpo”…  No es lo más raro que ocurriría en los meses siguientes.

Ante la cámara de Tentesion fueron pasando serpientes, gatos egipcios, jeringuillas amenazadoras blandidas por cándidas enfermeras, acordeones gigantes, maquillajes imposibles… Fueron domingos delirantes, agotadores pero divertidísimos, en que quince atadores acabamos liando entre cuerdas a más de doscientos modelos tatuados, mujeres y hombres. Ha habido mucha más presencia masculina en Tattooatados que en el Shibari Experience, por motivos que no tengo aún del todo claros. 

Por fin ha salido publicado el libro que recopila todas las fotografías, y ha quedado PRECIOSO. Papel de buena calidad, tamaño grande y precio razonable. ¡Daos prisa para conseguir un ejemplar, que la edición es de solamente 666 ejemplares, hay muchos ya reservados y NO habrá una segunda edición! Se puede comprar en varias tiendas: Freaks Books, Alkimia Bcn, LoveStopBcn, Balas Perdidas Goldtattoo y en Club Rosas Cinco… O pidiéndolo por correo en tattooatados@blackbiblebooks.com o en https://www.facebook.com/blackbiblebooks

Y ya que estamos en mi blog, traigo el prólogo que escribí para el libro y que aparece en sus primeras páginas…

PRÓLOGO – Canción de cuerda y tinta

Según las creencias tradicionales de la isla de Borneo, un espíritu llamado Maligang custodia el Río de los Muertos. Si el alma de un recién fallecido puede enseñarle a ese guardián un tatuaje en el cuerpo, Maligang le dejará cruzar el río y llegar al paraíso del Bawang Daha, el Lago de Vida. Si el muerto no está tatuado, Maligang arrojará su alma al río, donde será devorada eternamente por los peces. Mitos similares otorgando privilegios a los espíritus de los tatuados aparecen en culturas de todo el mundo, desde la sioux de Norteamérica a la de los maorís de Nueva Zelanda, lo que convierte el Más Allá en el paraíso de los tatuados. Si esto es así, Tentesion ha logrado una proeza más allá de las habilidades de cualquier sacerdote, mago o parapsicólogo: convertir un lugar, la primera planta del Club Social Rosas 5, en un pedacito de Más Allá, capturando allí entre cuerdas a más de un centenar de tatuados y tatuadas.

El impulso de perforar la piel y modificarla de por vida con hermosos diseños ha aparecido bajo muchos disfraces a lo largo de la historia: marca distintiva de la realeza, muestra de amor, reclamo sexual, señalizador de valor en el combate, decoración estética… Siempre ha estado, de un modo u otro, relacionado con aspectos emocionales de la psique, y tiene un componente sensual que se mantiene, nunca mejor dicho, a flor de piel.

Las cuerdas, por su parte, son un potentísimo fetiche: el bondage es el arte de provocar una respuesta erótica usando inteligentemente cuerdas bien apretadas. Su variante japonesa recibe el nombre de shibari o kinbaku, y su origen resulta fascinante… Los samurais empleaban cuerdas para atar y torturar prisioneros mediante un elaborado arte marcial llamado hojojutsu, que fue tranformado durante el pasado siglo de arte marcial en arte erótico. Alguna vez he descrito el shibari como un cruce de polvo, tango y combate de artes marciales. Quien es atado disfruta de la caricia de las cuerdas sobre la piel y la sensación de sentirse inmovilizado, expuesto y dominado… pero al mismo tiempo abrazado, relajado y protegido. Una atadura es un rastro, un mapa de las caricias de la cuerda durante el proceso. Las marcas del shibari sobre la piel son temporales (duran apenas unos minutos) y las de un tatuaje son permanentes, pero ambos dejan huella para siempre en el alma.

En este libro Tentesion ha reunido tatuajes de mil estilos diferentes y los ha combinado con mil formas distintas de ataduras. En ninguna fotografía aparecen prendas de ropa, pero difícilmente podrían considerarse fotos de desnudos: todas las modelos lucen auténticos vestidos formados a partes iguales por tatuajes y cuerdas. No es casualidad que por ejemplo en las cálidas islas Marquesas los tatuajes sustituyeran durante mucho tiempo a la ropa… y he asistido a más de una fiesta y más de dos en que el único traje que llevaba alguna amiga consistía solamente en cuerdas bien colocadas.

Cada tatuaje tiene la firma inequívoca del artista que lo plasmó sobre la piel, y algo parecido ocurre con las ataduras. Me permito a ese respecto lanzar un pequeño reto dirigido al lector, tenga o no experiencia en el mundo del bondage: reconocer los estilos de cada atador a partir de las fotografías. Al principio puede parecer difícil, como distinguir dos compositores similares de música clásica, pero tras unas cuantas páginas cualquier lector avispado llegará a algunas conclusiones sobre cómo cada atador se relaciona con sus cuerdas. Distinguirá entonces la exuberante belleza geométrica de Noshibari, la elegancia precisa de Desper_TNT y Spansul, la originalidad explosiva de Malporro y Rock&Wolf, la hermosa imprevisibilidad creativa de Laotra y Kuss, las variaciones armónicas sobre ataduras clásicas de Braxter y Zor, o mis propias incursiones en el bondage occidental o los patrones abstractos. Podrá incluso vislumbrar los estilos de colaboradores internacionales puntuales como Dr. Phil, McPhisto o el gran nawashi (“artista de la cuerda”) Monko, a quien tuvimos el honor de acoger en Barcelona como inspirador de muchas de las complejas ataduras de este libro.

Cada imagen posee su propia melodía formada a partir de elementos que se combinan y recombinan: maquillaje, cuerda, tatuajes, expresión corporal del modelo. En ocasiones uno de estos elementos adquiere protagonismo sobre el resto, otras veces alguno pasa aparentemente desapercibido… En cualquier caso el conjunto forma una música armónica y bien estructurada que puede oírse pasando las hojas lentamente, una hipnótica canción de cuerda y tinta en la que cada nota tiene su lugar.

Ha sido un honor y un placer colaborar en este proyecto, una locura que ha requerido meses de trabajo, litros de cafeína, kilómetros de cuerda de variados colores y la ayuda desinteresada de decenas de personas entre modelos, maquilladores, atadores, los dueños del Club Social Rosas 5 y, por supuesto, el arte fotográfico de Tentesion y Medora.

Disfrútalo. Déjate llevar por la canción.

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