Allá abajo (Là-bas) de Joris-Karl Huysmans

Cuando hace unos días publiqué un entusiasta artículo sobre El Péndulo de Foucault en Jot Down, mencioné de pasada una novela magnífica de Joris-Karl Huysmans llamada Allá Abajo (Là-Bas), leída en el club del libro gracias a mi hermano Nicho… Y me ha apetecido escribir una breve reseña y compartir un par de párrafos.

Allá abajo (publicada también como Allá lejos) es un libro extraño e inclasificable. Entre reflexiones místico-artísticas de gran profundidad como las que dedica al Cristo de Grünewald, Huysmans va trazando un retrato romántico, decadente y terrible de la maldad extrema simbolizada en la historia de Gilles de Rais, héroe de guerra junto a Juana de Arco y despiadado torturador y asesino de niños. El erudito Durtal, alter ego del propio Huysmans, escribe un estudio sobre la lenta caída de Gilles de Rais desde el misticismo extático religioso hasta la maldad absoluta, una evolución no tan extraña teniendo en cuenta que los extremos se tocan, o mejor dicho, se adaptan muy bien a un tipo particular de psicología.

En el curso de sus investigaciones, Durtal se interesa por la pervivencia del satanismo en la Francia moderna. A través de varias cenas con un piadoso campanero y muchos encuentros furtivos con una desconcertante mujer llamada madame Chantelouve, entra en contacto con círculos ocultistas y acaba asistiendo a una misa negra oficiada por el temido canónigo Docre (basado en el auténtico Louis Van Haecke, exorcista y rector de la Capilla de la Santísima Sangre, donde se decía que celebraba ritos satánicos).

Leyendo el interesantísimo blog de Javier Coria me entero de que el personaje pelín histriónico de madame Chantelouve está basado en dos amantes de Huysmans: uno de esos pequeños ajustes de cuentas que se permiten de vez en cuando los escritores. Las encendidas y algo hipócritas cartas de amor que intercambian Durtal y su amante están tomadas casi literalmente de las que intercambió Huysmans con Henriette Maillat (un poco feo usar la correspondencia amorosa en una novela, pero en fin). La parte más satánico-alucinada de Chantelouve está tomada de la cortesana Berthe Courrière, amante y musa de escritores, que introdujo a Huysmans en círculos ocultistas antes de caer víctima de delirios psicopáticos.

Una mujer curiosa, esta Berthe: apodada la grande dame o Berthe aux grands pieds (“Berta de los pies grandes”) por motivos obvios, sintió toda su vida una enorme atracción sexual por los sacerdotes y en general por cualquier implemento religioso. Según la escritora Rachilde, Berthe atesoraba en su casa manteles de altar, enormes cálices, candelabros, velones de iglesia, casullas y ropajes eclesiásticos, todo ello regado con el intenso aroma de varios incensarios. En su biblioteca tenía libros del Marqués de Sade (cómo no) y cuadros de Félicien Rops, entre ellos el que sirvió de portada a la edición valdemariana de Là-Bas. Su pulsión por el sacrilegio se manifestaba en los momentos más inesperados: podía sacar de repente una bolsa llena de hostias consagradas y empezar a arrojárselas a los perros callejeros.

Ignoro cómo fueron sus relaciones con Huysmans, pero resulta evidente al leer Là-Bas que el autor sintió por ella un carrusel de emociones: fascinación, miedo, deseo, duda, atracción…Y finalmente un cierto hastío exasperado, o eso da a entender sin mucha convicción hacia el final de la novela.

Là-Bas se publicó por entregas en L’Echo de Paris durante 1891 y levantó un cierto escándalo educado, traducido en masivos levantamientos de cejas y cartas airadas a los editores. Sin embargo, tanto su versión serializada como la novela definitiva alcanzaron un enorme éxito que daría lugar a ramificaciones e influencias insospechadas.

Por ejemplo, la preocupación de Huysmans por los orígenes y consecuencias del mal puede rastrearse en obras de mi admirado Roberto Bolaño como la magnífica 2666, dedicada a iluminar el “oasis de horror en un desierto de aburrimiento” de los infernales asesinatos de Ciudad Juárez… Y también hay un guiño decadentista en la decisión de llamar Là-bas al feudo de Farewell, el crítico literario que apadrina al sacerdote narrador de Nocturno de Chile durante su descenso al infierno. También Luis Buñuel quedó tan intrigado por la historia de Là-Bas como para escribir junto a Jean-Claude Carrière un guión para un proyecto que desgraciadamente no llegó a buen término. Y tal como ya comenté, el canónigo Docre es mencionado explícitamente en el capítulo 46 de El Péndulo de Foucault.

Podría traer aquí algunos párrafos de la misa negra, prolija en desviaciones sexuales y sacrilegios, pero casi mejor me los guardo para alguna velada demoníaca en el Nido o algo parecido. Reproduzco en cambio un fragmento fascinante que refleja muy bien la atracción de la religión sobre una mente fundamentalmente escéptica…Un I want to believe místico digno de un agente Mulder descreído.

“En esas horas en que, cansado de batirse contra frases, arrojaba la pluma, miraba forzosamente delante de sí, y no veía en el porvenir más que motivos de amarguras y de sobresaltos. Entonces buscaba consuelos, paliativos, y se veía reducido a decirse que la religión es la única que sabe todavía aplacar, con los más suaves ungüentos, los más intensos escozores de las llagas; pero exige a cambio tal deserción del sentido común, tal voluntad de no asombrarse de nada, que Durtal se apartaba de ella, pero sin dejar de espiarla.

(…)Y, en efecto, rodaba constantemente alrededor de la religión, porque si bien ésta no descansa sobre ninguna base que sea segura, brotan por lo menos de ella tales eflorescencias que que jamás el alma ha podido enroscarse sobre troncos más ardientes, subir con ellos y perderse en el éxtasis a grandes distancias, fuera de los mundos, en las alturas más insólitas; así, pues, seguía actuando sobre Durtal, con su arte extático e íntimo, con el esplendor de sus leyendas, con la radiante inocencia de sus vidas de santos”.

Y termino esta breve reseña con un fragmento excepcional de la novela: una especie de versión decadentista del Poderoso caballero es Don Dinero que en estos meses convulsos de Bankias y primas de riesgo resulta extraña y tristemente apropiada.

“El dinero llama al dinero, tiende a aglomerarse en los mismos lugares, va con preferencia a los malvados y a los mediocres; además, cuando por una inescrutable excepción, se amontona en un rico cuya alma no es asesina ni abyecta, entonces permanece estéril, incapaz de resolverse en algún bien inteligente, inepto, incluso en manos caritativas, para alcanzar un fin elevado. Se diría que el dinero se venga así de su falso destino, que se paraliza gustosamente cuando no pertenece al último de los industriales explotadores o al más despreciable de los sinvergüenzas.

Es más singular aún cuando, desacostumbradamente, se extravía en la casa de un pobre; entonces ensucia inmediatamente a éste si era recto; hace lúbrico al indigente más casto, actúa a la vez sobre el cuerpo y sobre el alma, sugiere enseguida a su poseedor un bajo egoísmo, un innoble orgullo, y le insinúa que gaste su dinero solamente en él. Convierte al más humilde en lacayo insolente, al más generoso en avaro. Cambia, en un segundo, todas las costumbres, trastorna todas las ideas, metamorfoseando las pasiones más tiernas en un abrir y cerrar de ojos. Es el alimento más nutritivo de los pecados importantes y es, al mismo tiempo, un vigilante contable. Si permite a un poseedor olvidarse de quién es, hacer limosnas, obsequiar a un pobre, enseguida suscita el odio del favor en ese pobre; reemplaza la avaricia con la ingratitud, restablece el equilibrio de tal manera que la cuenta es siempre justa y no hay un pecado de menos en ninguna parte.

Pero cuando se convierte verdaderamente en un monstruo es cuando se hace llamar capital, ocultando el brillo de su nombre bajo el velo negro de una palabra. Entonces su acción no se limita a incitaciones individuales, a consejos de robos y asesinatos, sino que se extiende a la Humanidad entera. En una palabra, el capital decide los monopolios, edifica los Bancos, acapara las materias primas, dispone de la vida, puede, si quiere, hacer morir de hambre a millares de seres. Él, mientras tanto, se alimenta, engorda, se multiplica completamente solo, en una caja; y ambos mundos lo adoran de rodillas, mueren de deseos delante de él, como ante un dios.

Pues bien, o es diabólico el dinero que así se enseñorea de las almas, o el fenómeno resulta imposible de explicar”.

3 comentarios sobre “Allá abajo (Là-bas) de Joris-Karl Huysmans

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  1. buenas acabo de enterarme de tu pagina y la verdad es que me parece genial no sabia de mas personas interesadas en estos temas, aqui tienes un nuevo lector que seguira visitandote semanalmente.

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  2. Buen día. Estoy como loco buscando este libro durante meses y no lo encuentro por ningún lado. Si tuvieras una versión en pdf te lo agradecería. Saludos.

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