Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia

Uno de los libros que más han ido cambiando de manos últimamente en el club del libro es Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia, la novela más impresionante en lo que llevo de año.

Su historia está basada en un caso real, aunque de manera muy libre. O, como advierte Ibargüengoitia en el epígrafe de la novela: “algunos de los acontecimientos que aquí se relatan son reales. Todos los personajes son imaginarios”. En cualquier caso, el suceso real sucedió en el México de los años sesenta. Una prostituta retenida contra su voluntad en el burdel La Barca de Oro, en Guanajato, escapó y presentó denuncia ante las autoridades. Al presentarse en el burdel, la policía encontró un cementerio clandestino del que se exhumaron nada menos que ochenta cadáveres de mujeres, once de clientes y unos cuantos fetos, fruto de abortos realizados en condiciones totalmente insalubres.

Comparando la historia real con el argumento novelado, comprobamos que en el libro hay más inocencia, menos crueldad, menos premeditación de los crímenes (por ejemplo, no hay mención en la novela de los once robos-con-asesinato a clientes adinerados, y las muertas son muchísimas menos y más fruto de accidentes que otra cosa). Sin embargo, eso no convierte al libro en menos terrible: hay muchas formas de retratar una tragedia… Y lo más destacable de Las muertas es que se enfrenta al horror con un tono engañosamente amable y un humor inesperado: no en la línea abiertamente cómica del Dario Fo de Muerte accidental de un anarquista, sino en un tono más suavemente irónico y compasivo, incluso tierno.

La jugada de Ibargüengoitia es maestra: no trata a las dueñas del burdel (asesinas en la vida real, recordemos, tanto por acción como por omisión) como personajes despreciables de buen principio. En cierta ocasión le preguntaron a Stephen King por qué dedicaba tantas páginas a presentar los personajes antes de entrar “en materia”. Su lógica respuesta fue que si el lector empatiza con un personaje, sufrirá más cuando ese personaje sufra, pierda un brazo o muera… Mucho más, en cualquier caso, que si el muerto fuera uno de esos John Smith intercambiables de mandíbula cuadrada que protagonizan tanta novela de serie B. Lo que hace inteligentemente Ibargüengoitia en Las muertas es similar pero más malvado: hace que te encariñes con personajes que a medida que avanzan las páginas empiezan a comportarse como auténticos cabrones.

Al principio, el autor presenta a las hermanas proxenetas Serafina y Angélica y a su cómplice-amante, el capitán Bedoya, como personajes duros pero con los que es imposible no empatizar ante la horrenda serie de desgracias que les ocurren (la muerte de un hijo, pobreza, abusos…). Y a partir de ahí, hace descender la historia hacia la muerte y el crimen en una lenta espiral progresiva de pequeñas fatalidades encadenadas e involuntarias, un poco como en la historia del clavo por el que se perdió una herradura por el que se perdió un caballo por el que se perdió un jinete por el que se perdió la guerra por la que se perdió el reino. Y de un modo lento y casi imperceptible, los personajes van dejando salir su lado más cruel o, por ser más preciso, más egoísta e indiferente al sufrimiento ajeno.

Una jugada difícil pero llevada a cabo con maestría a través de una narración casi periodística que adopta decenas de puntos de vista complementarios, cada uno con su propio tono y estilo. El lenguaje está plagado de coloquialismos mexicanos que resultan sin embargo bastante legibles, o al menos fáciles de adivinar en cada caso por el contexto (no hace falta ser un genio para deducir que madrota es madame, por ejemplo). El libro se devora en dos tardes ociosas y deja suficiente poso como para dos meses de digestión, como una canción de melodía sencilla pero con muchas capas de significado que se le quedase a uno meses dando vueltas en la cabeza.

En suma: recomiendo calurosamente la lectura de Las muertas, a ver si desmentimos a mi admirado Roberto Bolaño cuando escribió en Los mitos de Cthulhu que “ya nadie lee a Ibargüengoitia”… Al menos en lo que respecta a nuestro pequeño club del libro, queda Ibargüengoitia para rato.

4 comentarios sobre “Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia

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  1. Me tomé el atrevimiento de leer la fantástica reseña de Josep Lapidario hacia Jorge Ibargüengoitia. Honestamente, me pareció muy interesante,la astucia al escribir que se presenta como una de las formas para atrapar al lector es magnifica,es admirable tener una mente así, la historia al ser basada en hechos reales es un tanto escalofriante pero te muestra los detalles más íntimos de los prostíbulos y lo que esa vida conlleva así que yo, por mi parte, la recomiendo. Beso Agostina Parra

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