Pasos, de Jerzy Kosinski

Gracias a mi hermano Juan Nicho descubrí  durante una reciente velada particularmente chula del club del libro la novela El pájaro pintado, de Jerzy Kosinski. Ya comentaré esa maravilla con calma más adelante: ahora la menciono porque fue mi primer contacto con un escritor del que me está apasionando todo lo que cae en mis manos… Siguiendo un impulso, hace unas semanas compré Pasos.

Qué libro tan raro y magnífico.

No es una novela propiamente dicha, sino más bien una sucesión casi inconexa de sketches, apuntes y cuentos ultracortos sin una temática definida.  Lo único que tienen en común es una cierta intensidad alternativamente malvada, cruel o erótica… O las tres cosas a la vez. Algunos fragmentos son de una violencia casi insoportable, otros excitantes y sensuales. Algunos están narrados con una frialdad estremecedora, y otros son cálidos y cercanos. En su mayoría son como mínimo chocantes, y tan desagradables e hipnóticos como un choque de trenes a cámara lenta.

Os traigo algún ejemplo de cada tipo de texto. En el apartado erótico-festivo, una mujer anónima en una conversación de dormitorio realiza la mejor descripción de una felación que he leído jamás:

“Tenerlo en la boca es una sensación extraña, ¿sabes? Es como si de pronto todo el cuerpo del hombre, todo, se hubiera encogido y reducido a esa única cosa. Y entonces crece y te llena la boca. Se convierte en algo rebosante de fuerza, pero a la vez sigue siendo frágil y vulnerable. Podría asfixiarme… O yo podría arrancarlo de un bocado. Y cuando crece, soy yo quien le da vida; mi aliento lo mantiene, y se desenrosca como una lengua enorme. Me ha gustado lo que ha salido de ti: como cera caliente, se fundía de pronto sobre mí, en mi cuello y mis pechos y mi abdomen. Me sentía como si me bautizaran: era tan blanco y puro”.

Y éste otro paso, en cambio, resulta de una crueldad insoportable (y muy similar a la desplegada en El pájaro pintado, por cierto):

“Durante la guerra el trabajo escaseaba; yo era demasiado flaco para labrar los campos, y los campesinos preferían dar empleo a sus propios hijos o parientes. Como vagabundo, era víctima de todos. Por pura diversión, el granjero que por fin acabó acogiéndome, me agarraba por las solapas, tiraba de mí y me pegaba. A veces llamaba a su hermano o sus amigos para que participaran en un juego durante el cual yo debía quedarme quieto –con la vista al frente y los ojos abiertos– mientras ellos, a unos pasos de distancia, me escupían en la cara, apostando a ver cuántas veces me acertaban en el ojo. Este juego de los escupitajos alcanzó gran popularidad en el pueblo. Yo era el blanco de todo el mundo: niños y niñas, los granjeros y sus mujeres, hombres sobrios y borrachos”.

Y así son la mayoría de pasos de este libro… Quizá la palabra más adecuada para describirlos sea “turbadores”, para bien o para mal. Se supone que en varios de los fragmentos hay elementos autobiográficos: una cierta obsesión con la vida militar y las brutalidades del ejército, una mirada sarcástica al amor y al deseo, a las experiencias traumáticas de la infancia, a la muerte. Kosinski tuvo una vida turbulenta y a menudo desgraciada: incluso el éxito literario se volvió en su contra bajo sospechas de plagio y de colaboraciones no acreditadas. Uno de sus pocos golpes de suerte fue perder una maleta en el aeropuerto: ese contratiempo evitó que llegase a tiempo a una fiesta en la casa de su amiga Sharon Tate, una noche de 1969… La noche en que la familia Manson la asesinó. Kosinski se salvó, pero acabó suicidándose dos décadas más tarde, dejando esta nota: “Voy a echarme a dormir un rato más de lo habitual. Digamos que una eternidad”. Genio y figura hasta la sepultura.

Leo por ahí que un crítico literario de Los Ángeles realizó un curioso experimento con Pasos. En 1975, seis años después de la publicación del libro, envió varias páginas de la novela a cuatro editoriales, bajo seudónimo y con conocimiento de Kosinski, que debió encontrar graciosa la idea. Las cuatro editoriales rechazaron el texto. Poco más adelante repitió el experimento, pero enviando toda la novela a catorce editoriales y un número similar de agentes. Todas la rechazaron… ¡Incluida Random House, la misma que ya había publicado Pasos anteriormente!

Y es que en realidad es una especie de afortunado milagro que un libro tan extraño como éste se publicase… Así que os recomiendo encarecidamente que consigáis una copia y os sumerjáis en esta surreal ducha escocesa de microcuentos malvados. Y si no me creéis a mí, haced caso a David Foster Wallace: “Pasos es una colección de retablos alegóricos increíblemente siniestros, escritos con una voz tersa y elegante que no se parece a nada visto antes. (…) Sólo los fragmentos de Kafka se acercan a lo que Kosinski consigue en este libro”.

2 comentarios sobre “Pasos, de Jerzy Kosinski

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  1. Ay, que bien te explicas, Josep! Entran unas ganas locas de leerlo… Cruzaré los dedos en el próximo Club del Libro, a ver si hay suerte. Un beso!!!

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