“Mono no aware” en Cuerdas por Japón

El 9 de abril de 2011 tuvo lugar en varias ciudades un encuentro benéfico llamado Cuerdas Por Japón, en el que gran parte de la comunidad española de amantes del shibari se movilizó para recaudar fondos tras la catástrofe del tsunami. En este enlace del blog nidero di más detalles sobre la iniciativa, fruto de una idea de Alberto NoShibari… Françoise y yo participamos con un pequeño cuentacuentos de la historia que publico a continuación, basada MUY LIBREMENTE (en unas semanas veréis por qué lo pongo en mayúsculas) en una leyenda sintoísta a la que tengo mucho aprecio. A ver qué os parece este Mono no aware


En algunos idiomas existen palabras imposibles de traducir directamente, a pesar de reflejar emociones universales. La palabra rusa razbliuto, que se usa para describir el cariño algo distante que se siente por alguien a quien se amó intensamente años atrás.  O la sonora mamihlapinatapai, que en el dialecto de la Tierra de fuego describe el acto de buscar o mirar a los ojos de otra persona, con la esperanza de que inicie lo que ambos desean pero que ninguno se atreve a comenzar.  O una de mis favoritas, el verbo bantú mbuki-mvuki, que significa “quitarse toda la ropa para bailar a lo loco alrededor de una hoguera”.

El idioma japonés, antiguo y sutil, está lleno de ese tipo de expresiones. Wabi-sabi, palabra que describe la especial estética áspera de lo imperfecto o incompleto. Isagiyosa, o compostura valiente ante la derrota y la catástrofe. Gaman, o determinación para superar con paciencia obstáculos aparentemente insalvables… Y por supuesto, mono no aware, una expresión empleada por primera vez por un erudito en el siglo XVIII, pero que hace referencia a una emoción tan profunda como antigua y difícil de explicar. Qué mejor forma de hacerlo que con un cuento, una variación algo libre de la leyenda de la caída de la diosa del Sol.

En la mitología sintoísta, la diosa Amaterasu encarna toda la luz del mundo: el Sol que alumbra y  calienta cuerpos y corazones. A su hermano Susano-no-Mikoto le fue concedido el dominio sobre los mares, las tormentas y el mundo subterráneo. La relación entre ellos era, cuanto menos, complicada: Amaterasu envidiaba la libertad y brusca energía de su hermano, y Susanoo el amor incondicional que su hermana despertaba. Cuando dos hermanos humanos discuten, se gastan pequeñas bromas entre ellos. Pero, ¡ay cuando se despierta el rencor de los dioses! Susanoo descuartizó al caballo favorito de su hermana, hirió mortalmente a varias de sus sirvientas y, en la cumbre de su rabia, golpeó con su lanza el lecho marino y provocó el primer terremoto de la historia, que fue seguido de una enorme ola que arrasó los campos de arroz de Amaterasu y esparció el terror y la muerte entre la población.

Eso fue demasiado para la diosa del Sol. Llorando lágrimas de fuego por el sufrimiento que había provocado Susanoo, huyó del Reino Celestial y se encerró en lo más profundo de una cueva sagrada llamada Iwayado. Al esconderse Amaterasu el mundo se cubrió de oscuridad, y las cosechas se agostaron sin remedio. Los demás dioses expulsaron a Susano del Reino y deliberaron durante horas sobre la mejor manera de hacer salir a la diosa de su voluntario encierro. Todos los planes fracasaron hasta que tomó la palabra una diosa encarnada en el cuerpo de una hermosa y alegre mujer; el kami de la felicidad, el erotismo y la danza, la irresistible Ama no Uzume.

La diosa de la alegría colgó un enorme espejo de bronce en un árbol, frente a la cueva de Amaterasu, y se vistió con las últimas plantas que habían sobrevivido a la larga oscuridad: flores, hojas y largas tiras de hiedra. Volcó una bañera en el suelo, se subió encima de ella, y, tras llamar la atención de todo el mundo con un alegre grito, empezó a bailar. Pero no una danza cualquiera, sino un baile sensual, alegre y provocador, que acompañaba con el repiqueteo de sus pies ligeros sobre la madera de la bañera. Y así, lentamente, Ama no Uzume empezó a desnudarse sin dejar de danzar. Poco a poco cayeron las hojas, las flores, la hiedra, y el cuerpo desnudo y voluptuoso de la diosa quedó a la vista de todos. Los dioses  y diosas presentes reaccionaron como era de esperar: riendo, cantando y animándola.

Y esos fueron los sonidos que llegaron al refugio de Amaterasu: el repiqueteo metálico de los pies de la bailarina, la risa alegre de los dioses, los cantos que acompañaban el celestial striptease… La curiosidad, y un punto de alegría (la primera que nacía en su corazón tras el desastre causado por su hermano) la empujaron cerca de la salida de la cueva. Un primer rayo de luz, llamado “amanecer” surgió de la oscuridad de la cueva cuando Amaterasu se acercó a la entrada… Y la luz se reflejó en el espejo de bronce, deslumbró a Amaterasu y la distrajo. Ese fue el momento que aprovechó la diosa bailarina para sacarla fuera de la cueva, invitándola a unirse a la fiesta y a traer de nuevo la luz al universo. Pero para asegurarse de que Amaterasu no volviera a sumir el mundo en las tinieblas, los dioses sellaron la entrada de la cueva con una cuerda sagrada o shimenawa, y la propia Amaterasu se vio ligada por el poder del yute sagrado, en manos de Takeda no Heito, el kami de los narradores.

Recitando el cuento en el Rosas 5. Foto de Ivo_Bcn.

Las cuerdas que ligaban su cuerpo no eran una maldición para Amaterasu: el abrazo con que la ataba el yute simbolizaba el abrazo con que su cálida luz acogía a los humanos… Sin embargo, la diosa del Sol no había olvidado el sufrimiento que sus súbditos habían padecido a causa del desastre causado por su hermano. La experiencia le hizo comprender la fugacidad y temporalidad de todas las cosas, la impermanencia de lo hermoso. Aprendió que a la vida le sigue la muerte, que a cada catástrofe le sigue un renacimiento, que la belleza de todas las cosas es aún más intensa sabiendo que morirán y desaparecerán llegado su momento.

Mono no aware wakarimashita, susurró la diosa, las primeras palabras que pronunció al salir de la cueva. “He comprendido la profunda emoción de todas las cosas”. Y aquí recuperamos el intraducible con el que abríamos esta historia, y con el que ahora la cerraremos. Y es que mono no aware puede traducirse como “la profunda emoción, en parte melancólica y en parte hermosa, que se siente al darse cuenta de que todas las cosas son efímeras y transitorias, y precisamente ahí radica su belleza”.

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