Piercing, de Ryu Murakami

Un padre reciente llamado Kawashima se inclina, conmovido, sobre la cuna de su hija, un bebé de cuatro meses. Es de noche. La madre duerme en la habitación de al lado. Lentamente, el padre saca un afilado punzón picahielos del bolsillo y lo acerca a la mejilla del bebé. Una y otra vez se pregunta, obsesivamente: “¿cómo puedo estar seguro de que no se lo voy a clavar? ¿Cómo puedo estar seguro de que nunca asesinaré a mi hija?”.

Un punto de partida así deja claro que Piercing se va a mover en el terreno del terror psicológico y claustrofóbico. No es, sin embargo, una novela gore o ultraviolenta… Su tratamiento de la violencia me recuerda al de algunas películas de Takeshi Kitano como Hana-bi o Brother, en que los estallidos de ferocidad son repentinos, breves e impactantes; liberaciones explosivas y sangrientas de la tensión emocional acumulada a lo largo de la historia. Y si de algo van sobrados los protagonistas de Piercing es de tensión emocional y traumas del pasado: en cierto modo el libro es un retrato, exagerado y  granguiñolesco pero curiosamente verosímil, de las consecuencias a largo plazo del maltrato recibido durante la infancia. Y aunque la novela caiga a veces en el cliché, tiene algunas páginas casi tan potentes e insoportables como las de El corazón es mentiroso de J. T. Leroy, uno de los libros en que el maltrato de una madre a su hijo se muestra de forma más descarnada y cruel. Es fácil interpretar el miedo atroz de Kawashima a asesinar a su hija como metáfora del miedo a reproducir el patrón de maltrato que arruinó su propia infancia, pero para el pobre hombre no es un miedo metafórico sino un terror bien físico y palpable, una trampa de la que sólo puede escapar a través del crimen.

Los dos protagonistas de Piercing son este padre de familia con impulsos homicidas y una prostituta de baja autoestima y tendencia a la autolesión llamada Chiaki… Ambos tan profundamente perturbados que resultan hasta tiernos, dando toques de comedia romántica y amor fou a una historia por lo general opresiva. En el fondo están hechos el uno para el otro, y es difícil no acabar empatizando con sus encuentros, desencuentros y malentendidos, fruto de su deformada y psicopática visión del mundo.

Como curiosidad: en Piercing se menciona el sadomasoquismo, pero no desde el punto de vista que interesaría a un erotómano bedesemero como yo, sino como telón de fondo casi accidental de la profesión de Chiaki y los planes de Kawashima. En cierta forma es una oportunidad desaprovechada. Y es que si bien en la mayoría de ocasiones el BDSM es simplemente una preferencia sexual y punto, en ciertos casos puede tener en una vertiente terapéutica. El ejemplo más obvio visto en el cine es Secretary, por supuesto, la película en que el personaje de Maggie Gyllenhaal asume y supera sus instintos autodestructivos embarcándose en una relación sadomasoquista presentada (¡por una vez!) como creíble, positiva y regeneradora. Pero ese es un tema para otro artículo o para la próxima Boss & Secretary que organicemos en el Nido.

Tengo muchas ganas de poner las zarpas en otros libros de Ryu Murakami: a ver si el próximo puede ser  Sopa de miso (si alguien está leyendo ésto y lo tiene, ¡que se plantee traerlo al club del libro, por favor!). Y por cierto, para los despistados: entre Ryu Murakami y Haruki Murakami hay la misma relación que entre Celia Cruz y Penélope Cruz, es decir, ninguna. Me divierte mucho imaginar la reacción del típico despistado que habrá comprado este libro creyendo que lo ha escrito el tierno Haruki de Tokio Blues y topándose de bruces con la fría crueldad sangrienta de Ryu. Basta curiosear en las críticas online de Azul casi transparente, la novela más famosa de Ryu Murakami que he comentado ya en alguna ocasión, para comprobar que estos cortocircuitos ocurren más a menudo de lo que parece. 

Y para despedir la reseña, una nota mental: a ver cuándo comento por aquí la tórrida película Tokyo Decadence, dirigida por el propio Ryu Murakami. No alcanza las cotas de demencia de Piercing, pero es igualmente un viaje brutal por las obsesiones de un autor que fascina, desconcierta, cabrea, calienta y horroriza… Generalmente al mismo tiempo.

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